La ansiedad

La ansiedad

0 115

La Nacion /

Te invito a hacer un test basado en un estudio realizado en Pensilvania para descubrir si somos ansiosos (las posibles respuestas son algo, bastante o mucho):

He estado preocupado toda mi vida..

Me preocupo, si no tengo suficiente tiempo para hacer todas las cosas que quiero hacer..

Hay muchas circunstancias que me conducen a la preocupación..

Tan pronto como termino una tarea, comienzo a preocuparme por otra..

Me doy cuenta de que siempre estoy preocupándome por algo..

Me preocupo por un proyecto hasta que esté terminado..

Se calcula que cinco de cada diez personas, en algún momento de su vida, sufrirán lo que se conoce como TAG (trastorno de ansiedad generalizada). Lo primero que debemos mencionar es que la ansiedad es normal. Frente a un peligro o un desafío, todos sentimos ansiedad. La ansiedad no es mala pero se convierte en algo peligroso cuando es excesiva e incontrolable.

¿Por qué la ansiedad se vuelve patológica?

Porque la reacción desproporcionada es constante y se ingresa en una cadena de preocupaciones que no se logra controlar. Muchas veces no se trata de una preocupación o un miedo determinados, sino que “estoy preocupado por todo o por nada”. No sé bien por qué. Por eso, se la denomina generalizada. Casi siempre los trastornos de ansiedad no se deben a un hecho específico, como ocurre con las fobias donde la persona, por ejemplo, cuenta: “De chico, me encerraban en una habitación, entonces ahora (por desplazamiento) tengo fobia a los lugares cerrados”. El trastorno de ansiedad suele tener lugar por imitación y aprendizaje. Es decir, por la manera en que fuimos criados. Hay familias con predisposición a enseñarles a sus hijos que “el mundo es peligroso”. Así les envían este mensaje: “Tené cuidado, no confíes en nadie, nadie es como tu familia, nada es como la sangre…”

¿Qué le sucede a la persona ansiosa?

Las preocupaciones que no se pueden manejar traen, como resultado, síntomas físicos. Uno de ellos es el cansancio que raya en el agotamiento. También puede haber dolores musculares, irritabilidad, aceleración, deseos de llorar sin un motivo en particular, contracturas, sensación de ahogo, angustia.

¿Dónde nace la ansiedad?

La ansiedad proviene de una manera de pensar, de las creencias que tenemos. De acuerdo a cómo pensamos, nos vamos a sentir y a conducir en la vida. Estas son dos de las principales creencias de una persona ansiosa:

Algo malo va a pasar. El ansioso tiene pensamiento catastrófico. Por ejemplo, si su pareja lo tiene que llamar y no lo hace, pensará: “Seguro que le pasó algo malo”. No piensa que está trabajando, o muy ocupado. Siempre “adivina” lo que podría haber sucedido. Esta es la razón por la que vive hipervigilante, anticipándose a la realidad. Trata permanentemente de atajar los goles. Es así que a menudo el ansioso está distraído, ensimismado en su pensamiento negativo que anticipa los hechos, lo cual le produce mucha angustia. Pensar en términos absolutistas (“todo o nada”) hace que el nivel de ansiedad se eleve.

Hay que estar siempre alerta. “Para vivir tranquilo, hay que prevenir” es el lema del ansioso. Pero esta no en una medida normal y natural, pues la persona está siempre en espera de una catástrofe y le urge anticiparse a las consecuencias. El cuerpo, que es sabio, entonces le empieza a enviar luces de alerta: transpiración, mareo, sensación de ahogo, angustia, etc. Es por ello que el ansioso se vuelve muy controlador porque es la única manera de subsistir a todos esos pensamientos y preguntas sin respuesta: “¿Y si pierdo el trabajo? No voy a poder comer.”. “¿Y si pierdo a mi pareja? Me voy a quedar solo.”.

Lo ideal en el tratamiento de la ansiedad es acudir a un centro de salud mental o un hospital, o consultar a un terapeuta especializado en este tipo de trastornos (que suelen estar asociados a otros problemas de salud como los del aparato digestivo). En nuestro país hay instituciones excelentes que brindan terapias breves con diversas técnicas que pueden ayudar al ansioso. El pronóstico es bueno pero lo fundamental es modificar toda creencia negativa, como las que mencionamos, y aprender a relajarnos para no preocuparnos en demasía.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

LA NACION Opinión Emociones