La importancia de tener fantasías sexuales

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Beatty Cohan es psicoterapeuta y terapeuta sexual desde hace 35 años. Ha tratado a centenas de hombres y mujeres de todas las edades y preferencias sexuales, con problemas tan diversos como depresión, ansiedad, abuso infantil, adicciones y todo tipo de posibles conflictos en relaciones interpersonales. «En todos esos años, sólo un puñado de pacientes ha elegido compartir sus fantasías sexuales conmigo.»

La represión de la fantasía no conlleva a nada positivo. De hecho, como Beatty Cohan -también autora del libro Forever, For Worse, Forever: Discover the Path to Lasting Love – señala que es fundamental asumir y conversar las fantasías; es saludable. La apertura y la honestidad en estos temas nos vuelve abiertos y honestos en todos los ámbitos de nuestras propias vidas. «Sugiero en verdad que se tomen los pasos que sean necesarios para explorar a fondo nuestras fantasías sexuales, para liberarnos mental y sexualmente. Es preciso decirnos que de hoy en adelante no vamos a reprimir, suprimir, negar o dejar de disfrutar nuestras fantasías, con el único límite de no dañarnos ni dañar a los demás.»

Mucho antes de la aparición del gran fenómeno 50 Sombras de Grey, Nancy Friday ya había hecho en 1973 una extraordinaria compilación de cartas y entrevistas personales sobre fantasías sexuales de las mujeres, publicadas como My Secret Garden. Joyas testimoniales con todo ese contenido oculto en la relatoría de fantasías, sin hacer ninguna toma de postura ni pretender dotarles de significado. Fue tan exitoso el libro, y tan extenso su material recopilado, que publicó una secuela: Forbidden Flowers.

La batalla es contra la represión y la culpa

Es decir, las fantasías nos acompañan siempre. Desde niños tejemos mundos paralelos que habitamos y deseamos. Pero los circuitos represores de nuestras sociedades vilipendian estas necesidades de fantasear, sobre todo cuando el contenido se torna sexual, erótico.

En el artículo The Safest Sex, de Psychology Today, se enfatiza en la normalidad y salud de tener fantasías sexuales y hablar sobre ellas con la mayor naturalidad posible. «Las estadísticas confirman que los ‘fantaseadores’ frecuentes tienen sexo con mayor regularidad, se involucran en una mayor variedad de actividades eróticas, tienen más compañeros sexuales y se masturban con más frecuencia… La asociación entre las fantasías y una vida sexual saludable es tan estrecha que, de hecho, hoy se considera patológico no tener fantasías eróticas.»

En esos mismos estudios citados, hay datos interesantes. Por ejemplo, que 5% de los adultos estadounidenses dicen no haber tenido jamás fantasías sexuales. La interpretación rápida: en realidad no admiten haberlas tenido o son personas que no prestan ninguna atención a sus pensamientos. Otro dato: la mayoría de los adultos recuerda haber tenido sus primeras fantasías sexuales entre los 11 y los 13 años, en el amanecer de la adolescencia.

Aún así, el estado represor que nos habita es el gran enemigo a vencer. Ese estado represor se sintetiza en una palabra: culpa. Incluso entre los grupos de edad más aventurados sexualmente, como los estudiantes universitarios, 22% de las mujeres y 8% de los hombres señalan que habitualmente intentan reprimir los sentimientos asociados con las fantasías sexuales.

La culpa, ese freno de mano que roba tantas oportunidades a nuestras vidas. La ciencia social y la ciencia médica coinciden en que, mientras las fantasías no incluyan consistentemente el deseo de dañarse o provocar daño, es normal, saludable y deseable tener fantasías sexuales.

Univisión

Por Confirmado: Gabriella Garcés