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Obesidad

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El Observador /

Inventan una nueva terapia que podría ofrecer una alternativa a la cirugía bariátrica para tratar la obesidad humana, cuya tasa casi se triplicó en el mundo desde 1975.

El nuevo tratamiento experimental que redujo de manera notable el peso, la tasa de insulina y los niveles de colesterol malo en ratas y primates obesos, fue publicado esta semana en la revista Science Translational Medicine.

Los investigadores comprobaron que los roedores y los humanos obesos tenían concentración sanguínea elevada de una proteína llamada GDF15, en comparación con un grupo de control de peso normal, explicó Yumei Xiong, del servicio de transtornos cardio-metabólicos de Amgen, una sociedad de biotecnología que realizó el estudio.

Con esta molécula los científicos crearon el tratamiento “GDF15”, que reduce el peso, el apetito y el azúcar en animales de laboratorio. Consiste en un cóctel de proteínas, y demostró ser eficaz para que los ratones y los monos obesos pierdan peso.

Según los investigadores, dichas proteínas alteraron las preferencias alimentarias de los ratones para que elijan alimentos menos ricos en calorías cuando escogen entre diferentes tipos de comida. Asimismo, determinaron que el tratamiento experimental activó un grupo de células nerviosas entre los intestinos y el cerebro.

De todas formas, sostuvieron que es necesario investigar más para identificar al receptor celular de esas proteínas, con el fin de obtener un potencial tratamiento terapéutico con aplicaciones clínicas.

Hasta el momento, la cirugía gástrica -que consiste en reducir el volumen del estómago- es la intervención más eficaz para tratar la obesidad de manera duradera. Si bien este procedimiento permite la pérdida significativa de peso, es invasiva, compleja y deja en el paciente efectos secundarios permanentes, explicaron los investigadores.

Por lo tanto, los investigadores creen que es necesario desarrollar los tratamientos farmacológicos seguros y efectivos y prevenir también que se pueda gestionar de manera duradera.

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Diario Financiero /

Por EFE Una universidad china ha lanzado un programa para luchar contra la obesidad a través de un curso destinado a alumnos con problemas de peso en el que perder kilos será indispensable para aprobar, publicó hoy la agencia oficial de noticias Xinhua.

El curso es ofrecido por la Universidad Agrícola de Nanjing en la provincia de Jiangsu (este) y, según contó uno de sus profesores, Zhou Quanfu, tiene como objetivo alentar a los estudiantes con sobrepeso a controlar su dieta y a aumentar su ejercicio y con ello frenar la obesidad estudiantil.

Zhou explicó que el 60 % de la calificación de un estudiante estará determinada por su pérdida de peso, mientras que para aprobar los estudiantes tendrán que perder al menos el 7 % de su peso original.

Según un estudiante que se negó a dar su verdadero nombre, los estudiantes corren en cintas en la sala de ejercicios de la escuela y caminan 10 kilómetros todos los lunes y viernes por la tarde, mientras que los miércoles por la tarde el maestro los guía en una excursión de montaña.

“Usamos aplicaciones móviles para registrar la ingesta diaria de alimentos”, dijo el estudiante. Antes de comer, envían fotos de sus alimentos a través de una aplicación móvil para recibir sugerencias de nutricionistas.

Según contó Zhou, solo los estudiantes con más del 30 % de grasa corporal o un índice de masa corporal superior a 28 pueden inscribirse en el curso.

Sin embargo, no especificó si el curso era una asignatura de alguna carrera o una actividad extracurricular de esta universidad, donde los datos de las pruebas de aptitud física mostraron que entre 2013 y 2014 alrededor del 13 % de sus estudiantes eran obesos.

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El Observador /

En 2002, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) informó que el sobrepeso podía estar relacionado de manera directa con seis tipos de tumores malignos: de colon, recto, esófago, riñón, de mama en mujeres post-menopáusicas y el endometrio en el útero. Pero ahora, la lista se extendió.

La propia Agencia, que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS), realizó una nueva evaluación sobre los factores de riesgo asociados a la enfermedad e identificó ocho tipos de cáncer adicionales relacionados. Además, se determinó una “evidencia limitada” de que la reducción del sobrepeso disminuya las posibilidades de padecer cáncer mortal de próstata, cáncer de mama en hombres y el linfoma de células B grandes.

La investigación fue publicada en la revista The New England Journal of Medicine y encontró que existe “suficiente evidencia científica” de que el exceso de grasa corporal favorece el desarrollo de cáncer de cardias gástrico, hígado, vesícula, páncreas, ovarios y tiroides, así como meningioma (tumor cerebral benigno) y el mieloma múltiple, un cáncer de la médula ósea.

Para arribar a estas conclusiones un grupo de 21 científicos internacionales convocados por la IARC evaluó más de 1.000 estudios sobre los mecanismos que vinculan el exceso la grasa corporal y el cáncer. También fueron considerados análisis en animales de experimentación.

Según datos de la OMS, el cáncer es una de las primeras causas de muerte a nivel mundial y se prevé que los casos anuales aumenten de 14 millones en 2012 a 22 en los próximos 20 años. Por otro lado, hasta 2014 el número de obesos era de 640 millones entre los adultos, mientras que entre niños y adolescentes se llegaba a 110 millones. Y en el mismo año la prevalencia de la obesidad fue del 10,8% en hombres, 14,9% en mujeres y 5,0% en los menores. Solo en 2013, se estima que 4,5 millones de muertes en el mundo fueron atribuibles al exceso de grasa corporal. Alarmante.

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El Observador / Por Jane E. Brody, The New York Times News Service

Hace poco una amiga mía muy delgada me confesó que “no puede estar cerca de la gente gorda”. Su reacción es casi instintiva y provoca que evite contacto social o profesional con gente realmente pasada de peso. Aunque no puede señalar con exactitud la causa de su actitud, dice que ha sido así desde que tiene memoria.

Los sentimientos de rechazo quizá no sean evidentes para quienes los sienten; sin embargo, pueden influir sobremanera en el comportamiento de la gente. Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Duke reveló que “el prejuicio implícito contra el sobrepeso” en niños de 9 a 11 años era tan común como “el prejuicio implícito contra la raza” entre adultos.

La autora principal de la investigación, Asheley C. Skinner, dijo que los prejuicios de los que la gente no está consciente podrían predecir sus comportamientos incluso mejor que el prejuicio explícito. Trazó los orígenes de este comportamiento con respecto al peso de niños pequeños y adolescentes dentro de las familias en las que crecieron, así como en la sociedad en general, lo que potencia los ideales culturales de ultradelgadez y la culpa de la gente por su gordura.

“Es muy común entre los padres comentar sobre sus propios problemas de peso y les dicen a los niños que no deberían comer ciertos alimentos o hacen hincapié en cuánto engordaron”, dijo Skinner.

Este tipo de prejuicio está bien documentado, al igual que sus efectos dañinos en las personas. Sin embargo, también puede convertirse en discriminación y un comportamiento socialmente indeseable, que afectan de forma negativa a la gente excesivamente obesa. El prejuicio contra el sobrepeso está muy extendido en la sociedad: se presenta en el trabajo, las escuelas, los medios de comunicación, los hospitales e incluso dentro de las relaciones familiares, con los padres y los maestros, según Scott Kahan, director del Centro Nacional para el Peso y el Bienestar en Washington.

“La obesidad ha sido definida como la forma más reciente de prejuicio socialmente aceptable y las personas con obesidad son consideradas como blancos aceptables”, publicó Kahan en un blog de 2015. Dijo que el prejuicio contra el peso “sucede incluso en gente que es de mente abierta o sin prejuicios, incluso en especialistas en obesidad”, quienes quizá no se den cuenta de que sus prejuicios “predisponen los comportamientos dañinos y el aumento de peso”.

Efectos negativos

Ya sea de forma explícita o implícita, el prejuicio contra la obesidad puede ser contraproducente, al limitar la capacidad de la gente con sobrepeso para perder kilos y mantenerse en forma. Estudios realizados por Rebecca M. Puhl y sus colegas del Centro para Políticas Alimentarias y Obesidad de la Universidad de Connecticut descubrieron que la gente con sobrepeso y obesidad que sufre de prejuicios contra su peso y que logra adelgazar es menos propensa a mantenerse en su peso.

La estigmatización se asocia con atracones más frecuentes y otros “patrones alimentarios incorrectos”, según reportó Puhl. “En un estudio de más de 2.400 mujeres con sobrepeso y obesas que pertenecían a una organización para apoyar la pérdida de peso”, escribió, “el 79% informó que en repetidas ocasiones la manera de lidiar con el estigma por su peso era comiendo más y el 75% se negaba a seguir la dieta”. Además, sufrir el estigma por el peso puede provocar una imagen propia pobre, depresión y estrés, los cuales en algún momento pueden aumentar el riesgo de malos hábitos alimentarios así como dificultades. Riesgo de engordar

Incluso las personas que piensan que solo están pasadas de peso, independientemente de cuánto pesan, pueden estar “en un riesgo mayor de aumento de peso y mayor ingesta como respuesta a las amenazas sociales”, escribió Puhl.

Estar pasado de peso es una de tantas razones por la que los niños son víctimas de acoso escolar, un problema que requiere intervención urgente y la prevención tanto en escuelas como en organizaciones de todo tipo, dijo Puhl.

Mientras que la solución ideal para el prejuicio contra el sobrepeso depende en última instancia de la educación tanto de la gente común como de los profesionales de la salud, hoy en día la gente que lucha con problemas de peso no puede esperar a que toda la sociedad cambie para poder ayudarlos a resolver la responsabilidad personal de su peso.

El estigma que lleva al descuido

Cuando el estigma se internaliza disminuye considerablemente las oportunidades de la persona de perder peso a largo plazo, según confirmaron Puhl y sus colegas en una encuesta en línea con 2.702 adultos estadounidenses. Un estudio realizado por Robert A. Carels y sus colegas en la Universidad estatal Bowling Green con 46 adultos con sobrepeso y obesidad que se inscribieron en un programa conductista de pérdida de peso encontró que la estigmatización implícita y explícita estaba relacionada con mayor ingesta de calorías, menos ejercicio y gasto de energía, menor pérdida de peso y mucha más probabilidad de abandonar el programa. “Hay gente muy conocida en la sociedad que hace comentarios sobre la apariencia de las personas de modos muy inapropiados”, señaló Puhl en una entrevista. “¿Dónde están las otras voces tachando eso como inaceptable? Ese silencio quiere decir que esto es socialmente aceptable”.

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El Observador /

El planteamiento es resultado de investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Pediatría de México, en cuyo centro labora el doctor Arturo Perea Martínez, pediatra internista, traído al país por laboratorios Silanes.

En una conferencia ofrecida a diabetólogos, internistas y endocrinólogos, el especialista dijo que el feto viene bio programado con una serie de condiciones nutricionales que se le reflejan inmediatamente nace.

Sostuvo que esa bioprogramación pasa posteriormente por etapas como lactancia y primeros años del niño, donde se producen procesos biológicos que predisponen a las personas a la obesidad .

En la conferencia, aseguró que la malnutrición de la madre y la embarazada impactan en la condición nutricional de la persona. Propuso el cambio de paradigma en el combate a la obesidad y que se apliquen terapias sobre las tradicionales indicada por los médicos especialistas, consistente en nutrición saludable y actividad física.

La conferencia se tituló “Ácido linoleico conjugado y su efecto en la prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad”.

La presentación se realizó en la capital dominicana, con la presencia de directivos de sociedades médicas relacionadas al tema.

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El Observador /

Así lo ha demostrado esta investigación, realizada en el Departamento de Epidemiología Neuromed de Pozzilli, en Italia, según el cual las personas que comen pasta con moderación (aproximadamente unos 50 g por día) tienden a estar más delgadas y en forma que aquellas que limitan su consumo.

El estudio analiza los beneficios de llevar una dieta mediterránea y examina los hábitos alimenticios y el estado físico de más de 23.000 italianos e italianas. Se tomaron medidas corporales de peso, altura e índice de masa corporal (IMC) y se confrontaron con los hábitos alimentarios. De allí se desprendió que el consumo de pasta no está relacionado con un mayor peso corporal, sino que, contrariamente, aquellos que consumen pasta de forma moderada diariamente tienen un IMC y una circunferencia abdominal más bajos, efecto que se ve de forma aún más marcada en el sexo femenino.

Pero esto no significa que la pasta sea la fórmula milagrosa para estar delgados. Lucía Lacovello, jefa del Laboratorio de Epidemiología Nutricional Molecular del Instituto Neuromed explica que “Muchas personas evitan comer la pasta porque creen que engorda y la sustituyen por otros alimentos mucho menos saludables”.

Lo que se debe tener en cuenta es qué tipo de pasta es más adecuada y cómo comerla. La pasta al dente tiene un índice glicémico más bajo que la pasta muy cocida, por ejemplo. Además, es importante que esté acompañada de tomate, verduras y un poco de aceite de oliva.

Adicionalmente, se ha visto que las personas con diabetes que consumen pasta dentro del contexto de una dieta mediterránea tienden a vivir más años. Es necesario distinguir entre tipos de carbohidratos. Los carbohidratos complejos, son los que están presentes en pasta, cereales, legumbres, etc, y los simples son los que están por ejemplo en el azúcar y los dulces y son, precisamente los que esta población debe evitar para tener una alimentación sana.

Los carbohidratos complejos de la pasta, en el contexto de una dieta mediterránea, es decir, que incluya frutas, verduras, pescado y aceite de oliva, entre otros alimentos, son beneficiosos.

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La Prensa /

Esto, luego de realizar un estudio con ratones, en los cuales al grupo experimental se le suprimió temporalmente las neuronas sensoriales responsables del olfato y se le alimentó de la misma forma que al grupo de control.

El primero de los resultados fue que el consumo de alimentos en ambos grupos de ratones fue el mismo, por lo que la falta del sentido del olfato no afectó esta variable. Sin embargo, los ratones sin el sentido del olfato engordaban hasta un 10% menos que los compañeros del grupo de control. La masa magra, que es la masa corporal libre de grasa, no se veía afectada.

Inclusive los ratones obesos a los que se les suprimían las neuronas sensoriales olfativas disminuían su índice de masa corporal y tenían una menor resistencia a la insulina.

La hipótesis de los investigadores es que el oler la comida básicamente genera una reacción en nuestro organismo que le prepara para almacenar las grasas.

Puedes revisar el estudio completo en la revista  ‘Cell Metabolism’.

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Expansión /

La granada, hasta ahora valorada por sus efectos antioxidantes y digestivos, se ha revelado como una aliada quema grasas; mucho más en combinación con ciertos tipos de algas.

Llevas meses escuchando recetas sobre cómo llevar a cabo la mejor ‘operación bikini’ y viendo a sufridas amigas y compañeras privarse de pequeños placeres en pos de alcanzar sus objetivos de peso y talla. Pero como ya sabemos, una excesiva sensación de privación provoca el efecto rebote, y son muchas personas las que cuando ven que no alcanzan sus objetivos deciden olvidarse de cualquier cuidado. Por eso, todos los expertos recomiendan dietas poco radicales, menos restrictivas, extendidas en el tiempo, no basadas ni en las cantidades ni en las prohibiciones, sino en la buena elección y combinación de los alimentos .

Otro de las grandes revoluciones de los últimos años ha sido la nutricosmética . Compuestos seleccionados que se incorporan a la dieta para acelerar o mejorar algunos procesos. Los más recomendados son los suplementos naturales, basados en nutrientes presentes en los alimentos.

Hacer ejercicio desde dentro

El 51% de los españoles no dedica ni un minuto al ejercicio físico (fuente Eurostat), cortando así la vía más importante para quemar grasas. Pero, aunque el ejercicio sigue siendo la mejor vía para consumir calorías podemos suplir en parte su ausencia con alimentos naturales que aceleran el proceso. Dos de ellos son la fruta de la granada y el Wakame

La granada: tiene un alto poder antioxidante y es buena para la digestión. Ayuda a reducir el colesterol a la vez que impide la acumulación de grasas en el abdomen y aumenta la sensación de saciedad.

El wakame (es un alga marrón): tiene una acción “quemagrasas” que reduce la absorción de grasas y aumenta el metabolismo de los lípidos. Además detoxifica el sistema digestivo de los metales pesados y toxinas.

Si no puede tener acceso diario tener acceso a estos dos alimentos o, simplemente, no tiene tiempo para prepararlos, Oenobiol Slimming Booster aporta la perfecta sinergia entre el alga Wakame y las semillas de granada. La finalidad es inhibir al enzima que transporta las grasas a los adipocitos, evitando su almacenaje en ellos. Por otro lado ayuda a transportarlas grasas circulantes para quemarlas y transformarlas directamente en energía.

Un estudio científico realizado con 151 mujeres ha demostrado que aumentando el gasto energético, por lo tanto la combustión de las grasas, Oenobiol Slimming Booster ayuda a quemar hasta 400 kilocalorías al día, aportando resultados significativos en la pérdida de peso. 400 kcal/ día es (equivalente a 45 minutos de running, tomar un cruasán o 1 barrita de chocolate entre otras cosas).

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El Observador /

Existen básicamente dos grandes problemas cuando una mujer con sobrepeso quiere buscar un embarazo. En primer lugar, es probable que tarden más tiempo en conseguirlo, ya que tienen más chances de no presentar ovulaciones.

En segundo lugar, aumentan los riesgos de complicaciones durante el embarazo. Y aquí adquiere un rol importante la alimentación . El médico Fernando Neuspiller, director de IVI (clínica de reproducción asistida), menciona que durante la gestación “se recomiendan proteínas animales (carnes, pescados y huevos, siempre cocidos), ya que son esenciales para el correcto crecimiento del embrión. También el calcio, fundamental para la formación de los huesos y dientes del bebé. No hace falta tomar leche entera. Hay leche de tipo ‘semi’ con bajo aporte de grasa y enriquecidas con calcio. Tres raciones de lácteos a diario”.

El especialista agregó además que “Las vitaminas, como el ácido fólico, ayudan a prevenir los defectos de cierre del tubo neural (futuro sistema nervioso del bebe). El Omega 3, por su parte, mejora la función cognitiva y neurológica del bebé. A pesar de encontrarlo en la dieta , se recomienda suplementar el aporte de ácido fólico con pastillas multivitamínicas específicas. Además, el médico a cargo del embarazo le recomendará a la mujer embarazada un suplemento nutricional durante el embarazo”.

Estos aspectos son muy importantes ya que el bebé que se está gestando será, dada su carga genética, más propenso a sufrir sobrepeso y enfermedades asociadas como diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.

“La obesidad no solo afecta al niño por nacer sino también que aumentan los riesgos obstétricos: aumenta las tasas de aborto y duplica el riesgo de muerte fetal. Por otro lado, las secuelas que se observan en los niños nacidos con madres obesas los acompañan toda la vida”, explica Neuspiller.

El médico advierte acerca de la importancia de lograr un peso normal antes de buscar un embarazo para prevenir complicaciones como enfermedades cardiovasculares o diabetes gestacional y para no influir en la salud fetal. Esto se logra a través de un cambio en el estilo de vida, la incorporación de hábitos alimentarios saludables y la práctica regular de actividad física, siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud. En el caso de que el embarazo se presente con obesidad, se deberá derivar a la paciente a un licenciado en nutrición para guiarla en la incorporación de hábitos alimentarios saludables y para monitorear su dieta. También deberá estar bien monitoreada por su médico obstetra para detectar problemas cardiovasculares a tiempo.

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El Observador /

Además de ello, existen otros factores inherentes a la obesidad que pueden predisponer a alteraciones renales. En personas obesas los riñones producen una hiperfiltración, ya que están sobrecargados. Esto aumenta el riesgo de proteinuria o pérdida urinaria de proteínas, lo cual puede dar lugar a una enfermedad renal.

Estudios internacionales afirman que aproximadamente el 10% de la población mundial padece Enfermedad Renal Crónica (ERC). Su mayor complicación es la ERC terminal, cuyo único tratamiento es la diálisis crónica o el trasplante renal.

Existen investigaciones que señalan que personas con sobrepeso y obesidad presentan entre 2 y 7 veces más riesgo de desarrollar enfermedad renal. Lo positivo de esto es que la obesidad es prevenible, y, por ende, también las enfermedades asociadas a ella, incluyendo esta última. Para detectarla, basta con un examen de sangre para ver los valores de creatinina, y uno de orina para visualizar anomalías.

Es por estas razones que resulta fundamental llevar un estilo de vida saludable, que incluya una alimentación balanceada y la práctica de actividad física regular, de modo de prevenir tanto la obesidad como la enfermedad renal. De acuerdo con el Séptimo Informe del Comité Nacional sobre Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Presión Arterial de Estados Unidos, cada 10 kg de peso corporal que se pierden, se reducen las cifras de presión arterial entre 5 y 20 mmHg. Asimismo, la práctica de actividad física la reduce entre 4 y 9 mmHg, y el consumo de alcohol moderado entre 2 y 4 mmHg.

Algunos consejos para cuidar la salud renal son:

· Moderar el consumo de sodio a través de alimentos ricos en este mineral como fiambres, embutidos, aderezos, etc.

· Moderar el consumo de sal de mesa y reemplazarla por especias y hierbas como perejil, ajo, cebolla, albahaca, tomillo, romero, etc.

· Aumentar la ingesta de frutas y verduras variadas. La recomendación es de 5 porciones diarias.

· Aumentar el consumo de pescado y disminuir el de carnes rojas, y hacerlo solo en una de las dos comidas principales.

· Utilizar diariamente aceites vegetales crudos como oliva, canola, alto oleico, etc para condimentar, controlando la cantidad para no añadir calorías en exceso a las comidas.

· Reducir el consumo de azúcar y dulces.

· Beber agua abundante y reducir el consumo de bebidas azucaradas.

· Consumir cantidades moderadas de alimentos, variando la selección.

· Realizar por lo menos 30 minutos de actividad física diaria.

· No fumar.

· Controlar los valores de presión arterial, manteniéndolos por debajo de 140/90 mmHg.

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El Observador /

A estas personas se les conoce como “obesos metabólicamente sanos”, ya que sus valores de glucosa en sangre o presión arterial se encuentran dentro de los límites de referencia.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham, parece haber comprobado recientemente que, a pesar de ello, estas personas tienen un 50% más probabilidades de sufrir enfermedades del corazón y un 7% más de enfermedades cerebrovasculares que aquellas que presentan un peso corporal normal. El estudio contó con una muestra de 3.5 millones de pacientes británicos durante 20 años.

Algunos estudios menores ya lo habían sugerido. Sin embargo, otra investigación realizada en el año 2012 y publicada en la revista European Heart Journal sugiere que algunas personas con obesidad y sin indicadores sanguíneos alterados, pueden verse protegidas de los riesgos de salud vinculados a la obesidad cuando tienen genes favorables. Así como hay grandes fumadores que no desarrollan cáncer de pulmón, hay personas que presentan obesidad y gozan de buena salud.

También existen investigaciones que muestran que no sólo es relevante la cantidad de grasa sino también la distribución de la misma en el cuerpo. Una acumulación de grasa abdominal es más dañina para la salud que una distribución corporal más uniforme.

Más allá de todo esto, los profesionales resaltan que los todos los trabajadores de la salud deben promover la pérdida de peso y el mantenimiento de un peso corporal normal, aun si no existen anormalidades metabólicas.

El índice de masa corporal (IMC) es la herramienta utilizada actualmente para determinar obesidad. Es una relación entre el peso y la altura de la persona y cuando su valor es mayor a 30, indica que existe obesidad. Sin embargo, algunos expertos coinciden en que el IMC es una medida imperfecta, ya que, en algunos casos, como los grandes atletas o personas muy musculosas, este índice puede ser elevado debido a la densidad muscular y no al tejido graso. Más allá de eso, los resultados del estudio y el IMC son válidos para la población general.

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La Nacion /

Investigadores del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular de La Plata (IMBICE, CONICET-UNLP- CICPBA) realizaron un hallazgo que podría servir para luchar contra la obesidad y otros desórdenes alimenticios como la bulimia, la anorexia, y los atracones compulsivos.

Comprobaron que la ghrelina, conocida popularmente como “la hormona del hambre” y descubierta en 1999, no sólo potencia las ganas de comer en situaciones de estrés y la sensación de placer al comer, sino que también regula el vaciado del estómago, acelerando la digestión.

El trabajo de los investigadores platenses fue publicado en el último número de la revista científica Endocrinology.

“Lo que hicimos en esta investigación fue describir los mecanismos por los cuales la ghrelina regula el vaciado gástrico, acelerando la digestión de los alimentos para generar nuevamente la sensación de hambre”, explica Agustina Cabral, becaria posdoctoral en el IMBICE y una de las autoras de la publicación, a El Día.

“Esto es producto de una tarea multidisciplinaria de muchos años, porque venimos estudiando la biología de esta hormona desde hace tiempo, y los distintos enfoques se van interrelacionando”, agregó.

A través de estudios con diferentes tipos de ratones modificados genéticamente, los científicos llegaron a la conclusión que el vaciado gástrico era casi un 50% más rápido en los animales a los que habían inyectado ghrelina que en los que la tenían en valores normales.

“Lo que también hicimos fue utilizar ratones con lesiones en áreas específicas del cerebro, y observamos que no había cambios significativos en respuesta a la hormona. De esta manera, comprobamos que el efecto de la ghrelina en el estómago por sí sólo no es suficiente para lograr una digestión más ligera”, resaltaron los científicos.

LA NACION Sociedad Ciencia

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