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Comer

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Confirmado / Las largas jornadas de trabajo hacen que comer fuera de casa sea más frecuente que prepararnos nuestra propia comida. Si no eres de los que tiene tiempo (ni ganas) para llevarse tuppers o no tienes un comedor en la empresa, lo normal es que cada día tengas que pedir tu almuerzo en un restaurante. A esta rutina se suman las comidas y cenas de empresa y, por lo menos, una salida durante el fin de semana, en la que será difícil que no se acabe consumiendo alcohol, entrantes calóricos o postres azucarados. Este tipo de hábitos hace que mantener el equilibrio en la dieta parezca casi imposible.

Las elecciones que se hacen en un restaurante y el autocontrol serán determinantes para evitar los kilos de más y recibir las vitaminas y nutrientes diarios que necesitamos para gozar de una buena salud.

Mar Navarro López, presidenta del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Castilla-La Mancha (Codincam) y miembro del Consejo General de Dietistas-Nutricionistas, explica cómo afectan estas salidas a nuestra dieta: “Si los excesos son puntuales, no tiene por qué desequilibrarnos, sobre todo si se puede compensar con una comida ligera al día siguiente, pero si esos excesos son habituales, se puede producir un aumento de peso o una alteración de parámetros bioquímicos relacionados con el estado nutricional”. El colesterol sanguíneo, la glucemia y los triglicéridos pueden desembocar en problemas de salud graves como enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes.

Cómo elegir lo que comemos

La nutricionista señala las opciones más saludables cuando tenemos que hacer muchas comidas fuera:

Entrantes o primeros: platos tipo ensaladas, verduras o sopas. “A veces puede resultar una buena opción comer dos primeros platos, porque lo normal es que sean los segundos los que más calorías aportan en el menú”, señala Navarro.

Segundos: elegir platos ligeros, cocinados a la plancha, sin salsas y acompañados de guarniciones ligeras como ensaladas o verduras.

Para beber, siempre elegir agua y de postre, frutas

Durante las salidas nocturnas, la especialista advierte que el hecho de que sean eventos de noche no implica que se deba comer en exceso ni beber más alcohol, refrescos o tomar dulces de postre, por norma. “Durante la cena se puede tomar una copa de vino tinto o una cerveza, pero, si puede ser, después se elegirá agua. Si los entrantes son muy ricos en calorías, como fritos (croquetas), embutidos o ensaladilla rusa, lo mejor es elegir segundos platos menos calóricos, como un pescado a la plancha con una guarnición de verduras”. Respecto al postre, la experta aconseja saltárselo siempre que se pueda, pero, si no lo hacemos, lo ideal es comer una porción lo más pequeña posible o elegir alguno que esté elaborado con fruta.

Izaskun Arrarás, dietista nutricionista miembro del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Navarra (Codinna) añade unos consejos generales para estas ocasiones:

Antes de salir, elegir restaurantes con opciones de menú saludable.

No llegar con mucha sensación de hambre a la cena.

Elegir alimentos simples en lugar de aquellos que contengan muchos ingredientes.

Acompañar el plato elegido de una guarnición sencilla (por ejemplo, patata asada en vez de frita, aderezo de aceite de oliva y vinagreta en lugar de salsas de queso). Si pedimos aderezos de salsa, pedir que nos las sirvan aparte y no encima de los alimentos.

Pedir raciones pequeñas de un plato principal.

En el caso de elegir algún capricho, como el postre, compartirlo.

Por último, Mar Navarro recuerda que, como norma, no podemos compensar los excesos con el deporte. “El deporte es un complemento necesario de la alimentación sana para llevar una vida saludable, y alguna vez se puede utilizar como método para compensar algún exceso puntual, pero lo ideal es fomentar la alimentación saludable acompañada de la práctica diaria de actividad física y mantener los excesos a raya: que sea algo puntual”.

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Por Confirmado: MariGonz

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El Observador / Una investigación israelí afirma que la respuesta metabólica de distintas personas ante el mismo alimento puede ser diferente.

El estudio evaluó los niveles de azúcar en sangre de unos 800 voluntarios durante más de una semana. Una de las participantes experimentó repetidamente un aumento de glucosa en sangre luego de la ingesta de tomate, dejando al descubierto la importancia de tener dietas individualizadas, en base a los alimentos adecuados para cada persona.

Otro ejemplo fue el de voluntarios que experimentaron niveles de glicemia mayores luego de comer sushi que luego de ingerir helado. De este modo, la investigación (llevada a cabo en el Instituto de Ciencias de Weizmann en Israel), contradice la creencia de que el índice de glucosa (IG) de un determinado alimento tiene un valor fijo y confirma que, por el contrario, el mismo depende del metabolismo propio de cada persona.

Para evaluar a los participantes del estudio se recabaron datos mediante cuestionarios de salud, medidas corporales, análisis de sangre, monitorización de la glicemia, muestra de heces y una aplicación móvil utilizada para informar sobre el estilo de vida y las 46.898 comidas que realizaron durante el transcurso de la investigación.

Para leer más sobre nutrición y vida saludable, ir a comermejor.com.uy

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El Informador / CIUDAD DE MÉXICO (07/FEB/2017).- Seguro no tendrás hambre cuando estés resfriada o tengas retortijones, pero eventualmente tendrás que hacerlo si lo que quieres es reforzar tus defensas y tener energía. El punto es que lo que elijes puede ser tan importante para mejorar como para empeorar el problema.

– Café: Es preferible evitarle ante todo tipo de enfermedades , pero especialmente del estómago. La cafeína del café es un diurético, así que hará orinar demasiado y podría conllevar a la deshidratación, lo cual es malo cuando se batalla en contra de un virus o una infección.

– Jugo de naranja: Piden no consumirlo en caso de tos y garganta irritada. La acidez del jugo de naranja usualmente es refrescante, pero con la garganta irritada podría lastimarla. Eso incrementará el dolor y que se tardará más el tiempo en recuperarse.

– Dulces: Es recomendable no consumirlos con todo tipo de malestares, pero especialmente los del estómago. Comer azúcar refinada nunca es bueno, pues temporalmente suprime las células blancas que combaten las bacterias. Después de comer un par de galletas, dulces o cereales, el sistema inmunológico quedará mucho más débil. Además contribuye a los retortijones y diarrea.

– Refresco: Afecta sobre todo con malestares del estómago. Como el café, las gaseosas son deshidratantes. Además tienen muchísima azúcar, la cual suprime el sistema inmunológico y afecta el tracto digestivo. Sin mencionar que causan inflamación, retortijones y diarrea, especialmente el refresco de dieta.

– Botanas crujientes: Se recomienda no ingerirlos en problemas de tos y garganta irritada. La textura agresiva de este tipo de botanas como las papitas fritas o granola lastima la garganta irritada.

– Alcohol: Es adecuado no ingerirlo en todos los problemas de salud , pero especialmente del estómago. El alcohol, como el café, es un diurético que puede empeorar la deshidratación.

– Leche: Invitan a no tomarla durante la congestión nasal. Dicen que los lácteos producen más mocos y flemas, pero en realidad no existe evidencia científica para respaldar esto. Sin embargo, hay gente que dice que los lácteos empeoran la flema.

– Alimentos grasosos: Los alimentos grasosos requieren más tiempo para moverse a través del sistema digestivo, el cual puede hacer que las náuseas o el reflujo empeoren. También producen espasmos musculares en el tracto digestivo y empeoran la diarrea.

– Alimentos picosos: Es recomendable no ingerirlos en caso de moco líquido. El chile y las salsas tienen capsaicina, un componente que irrita los pasajes nasales y provoca moco líquido. El chile sólo hará que el problema empeore.

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La Academia de Nutrición y Dietética destaca que todos los alimentos pueden ser parte de una dieta, siempre y cuando se consuman con moderación, respetando el tamaño de las porciones aunado a la actividad física.

La nutricionista Consuelo Pardo comenta: ” No hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas. Cada uno de los alimentos que integran los diferentes grupos tiene una composición química y funcionan como un vehículo de nutrientes. Por esta razón, es de suma importancia que todos estén presentes en la alimentación diaria.

Las frutas son excelentes fuentes de vitaminas y antioxidantes, las carnes y lácteos de minerales y proteínas, y los cereales y tubérculos son fuentes de vitaminas y fibra. Incluso la grasa y el azúcar son importantes para el buen funcionamiento del cuerpo.

El secreto está en la moderación”, comenta la especialista, quien añade que dentro de una alimentación balanceada es esencial mantener una correcta hidratación, ya que el líquido representa alrededor del 60% del peso corporal y participa en diferentes procesos como la digestión, respiración, absorción y excreción, además de ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y mantiene la temperatura corporal.

La nutricionista sugiere disminuir la cantidad de comida servida y aumentar la porciones diarias que se ingiere durante el día, además la alimentación debe ajustarse a la cantidad de calorías diarias que necesita la persona.

La actividad física es importante en todo este proceso, por eso la recomendación para principiantes es hacer treinta minutos diarios de ejercicios, cinco días a la semana.

Pardo explica que el organismo identifica cuando se está sufriendo una situación restrictiva y busca optimizar sus funciones en pro de la supervivencia, lo cual logra a través de ajustes metabólicos y hormonales.

Ante la falta de energía, el organismo reacciona compensando esta deficiencia, disminuyendo el músculo (lo consume o gasta), esto tiene un impacto en el metabolismo, que a su vez se suma con el hecho de que posteriormente almacena energía extra en forma de grasas, haciendo más “eficiente” el uso de la energía: Menos necesidades (menor cantidad de tejido que requiere energía, que es el músculo) y mayor almacenamiento de energía en forma de grasas.

Al finalizar la dieta se tienen menos músculo para trabajar y un metabolismo lento, lo que permite ahorrar fácilmente la energía en forma de grasa, pero esto no es recomendable para enfrentar el día a día, por eso es mejor comer sano, rico y balanceado.

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La Academia de Nutrición y Dietética destaca que todos los alimentos pueden ser parte de una dieta, siempre y cuando se consuman con moderación, respetando el tamaño de las porciones aunado a la actividad física.

La nutricionista Consuelo Pardo comenta: ” No hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas. Cada uno de los alimentos que integran los diferentes grupos tiene una composición química y funcionan como un vehículo de nutrientes. Por esta razón, es de suma importancia que todos estén presentes en la alimentación diaria. Por ejemplo, las frutas son excelentes fuentes de vitaminas y antioxidantes, las carnes y lácteos de minerales y proteínas, y los cereales y tubérculos son fuentes de vitaminas y fibra. Incluso la grasa y el azúcar son importantes para el buen funcionamiento del cuerpo.  El secreto está en la moderación”.

Pardo agrega que dentro de una alimentación balanceada es esencial mantener una correcta hidratación, ya que el líquido representa alrededor del 60% del peso corporal y participa en diferentes procesos como la digestión, respiración, absorción y excreción, ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y mantiene la temperatura corporal.

¡Despreocúpese!

Que levante la mano quien no se ha sentido atraído por un dulce, pero a la vez teme que ese “gusto” le pueda provocar un aumento de peso, es hora de que se saque la idea de la cabeza porque es un mito.

Estudios científicos a lo largo del mundo comprueban que, por naturaleza, estamos atraídos al dulce. Por lo tanto, deseche ideas preconcebidas y coma lo que quiera, pero con moderación.

La Academia de Nutrición y Dietética indica que el 62% de los adultos estadounidenses dicen estar más interesado en escuchar acerca de lo que deben comer, en lugar de lo que no pueden comer.

“Todas las personas tenemos necesidades calóricas y nutricionales diferentes, de ahí la importancia de aportar diariamente porciones adecuadas y suficientes de todos los grupos de alimentos a fin de proporcionar toda la energía y nutrientes requeridos”, confirma la Academia de Nutrición y Dietética.

¿Y las dietas?

Según Pardo, nuestro organismo no sabe que estamos haciendo dieta, simplemente está sufriendo una situación restrictiva y busca optimizar sus funciones en pro de la supervivencia, lo cual logra a través de ajustes metabólicos y hormonales. Una alimentación restrictiva es calificada como una agresión al organismo, pues este debe cambiar su forma de trabajar para poder enfrentar los cambios.

Ante la falta de energía, el organismo reacciona compensando esta deficiencia, disminuyendo el músculo (lo consume o gasta), esto tiene un impacto en el metabolismo, que a su vez se suma con el hecho de que posteriormente almacena energía extra en forma de grasas, haciendo más “eficiente” el uso de la energía: Menos necesidades (menor cantidad de tejido que requiere energía, que es el músculo) y mayor almacenamiento de energía en forma de grasas.

Al finalizar la dieta restrictiva tenemos menos músculo para trabajar y un metabolismo lento, lo que permite ahorrar fácilmente la energía en forma de grasa.  El almacenamiento de grasa es favorecido, ya que son reservas de energía para enfrentar periodos de carencia, muy útiles en situaciones de peligro o emergencia pero no así para el día a día.

Además, las dietas que restringen algún grupo de alimento, generalmente las bajas en carbohidratos, proteínas o grasas, tienen como consecuencia un déficit en el consumo de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales.

Algunas dietas restrictivas no recomendadas son:

Dietas cetogénicas: pocos carbohidratos y muchas proteínas y grasas. Comprometen el sustrato energético del cerebro, provocando serios trastornos renales y hepáticos que lesionan la salud. Dieta líquida: limita el aporte calórico, vitaminas, minerales y fibra. Dietas que excluyen algún nutriente: generan desequilibrios hormonales y metabólicos. Dietas de alimentos específicos como el pepino o atún: restringen el consumo de otros nutrientes presentes en los grupos de alimentos energéticos y provocan alteraciones en el metabolismo. Recuerde que es posible comer sano y rico al mismo tiempo, lo esencial es realizar actividad física de forma regular y mantener un balance en lo que comemos.

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Los antojos de azúcar a menudo nos surgen después de una comida , a pesar de la sensación de saciedad. Hábitos, la química del cerebro y tu dieta causan que anheles dulces Y sí puedes aprender a luchar contra los antojos, pero sólo después de que entiendas por qué nos tientan los postres dulces después de comer.

Difícil de detener De acuerdo a investigaciones, el azúcar y la grasa constituyen más del 50% de la dieta típica estadounidense, lo que contribuye a la epidemia de obesidad.

Y los antojos de dulce después de una comida pueden obstaculizar nuestros esfuerzos de pérdida de peso e intentar negar el deseo solamente hace que deseemos más.

El problema es que aunque empecemos con una pequeña porción, una vez que lo probamos puede resultar imposible detenernos.

Secreto de expertos La investigación mostró evidencia de que el consumo regular de alimentos ricos en azúcar y grasa conduce a cambios neuroquímicos en el cerebro, que nos induce a desear este tipo de alimentos.

Los antojos de comida a menudo son el resultado de la costumbre y la asociación; si siempre has comido algo dulce después de una comida, no te sientes satisfecha a menos que cumplas con esa necesidad.

Los dulces se asocian a menudo con recompensas y sentimientos positivos, por lo que se sienten bien cuando se los comen.

Otra causa de los antojos de dulces después de las comidas tiene que ver con el estado de ánimo cerebral causado por la serotonina.

Cuando la serotonina es baja, los sentimientos de depresión y tristeza aparecen. Anhelas algo dulce porque los azúcares y los carbohidratos simples incitan al cuerpo a liberar serotonina, mejorando tu estado de ánimo.

Los cambios en los niveles de azúcar en la sangre también causan que desees dulces después de una comida.

Debes conocer: 3 ideas para endulzar la comida sin azúcar ni edulcorantes artificiales.

Ser estricto es peor La privación también puede fomentar los antojos. Si estás siguiendo una dieta estricta y evitas todos los dulces, pueden empeorar las ansias al negar tu deseo de satisfacer tus antojos.

Los científicos descubrieron que el deseo de comer ciertos alimentos, como el chocolate, combinado con el hecho de saber que debes comerlo con moderación, hace que se te antoje aún más.

Así que ahora que lo sabes, puedes combatir mejor los antojos de postres dulces después de comer, por ejemplo comiendo fruta o simplemente cambiando tus hábitos alimenticios.

Vía: Agencias

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Comer con tu familia siempre va a ser positivo. Compartir con tus seres queridos un momento así te hará pasar más tiempo con ellos y poder conversar sobre temas que normalmente no hablan por falta de tiempo o alguna otra razón. Hay muchos beneficios de comer en familia, conoce algunos aquí:

– Pasan tiempo juntos. Muchas veces los distintos miembros de la familia tienen diferentes labores o trabajos y son muy pocos los momentos que pueden estar juntos. Una comida es una gran excusa para juntarse.

– Conversar. Muchas veces por falta de tiempo no te enteras de algunas novedades de tus seres queridos. Es un buen momento para compartir experiencias y noticias nuevas.

– Aprender o enseñar modales. Cuando hay niños en la familia, es ideal que los mayores puedan comer con ellos para que observen en lo que fallan y poder educarlos y enseñarles los modales que hay que seguir en la mesa.

– Comida saludable. Es una buena forma de evitar comer chatarra o comida al paso por falta de tiempo. Juntarse con la familia significa muchas veces comer cosas saludables y nutritivas.

– Trabajo compartido. Es una gran manera de compartir el trabajo y las tareas del hogar con la familia. Uno se puede dedicar a poner la mesa, otro a preparar la entrada, uno el plato de fondo y otro a limpiar las cosas finalizada la cena.

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Hay a quienes les cuesta dejar de comer. Dicen que tienen hambre todo el tiempo y que esto les resulta incontrolable. ¿Exageran? Pues no, realmente lo sienten así y los motivos son diversos. Lo más importante es que al detectar su origen se puede acabar con esos hábitos que alocan nuestra digestión y que terminan causando problemas de peso y de salud. EXPRESO les presenta una lista de los más comunes y explica cómo nos afectan.

1. Dormir mal Cuando no logramos descansar como se debe por las noches, hay unas hormonas que se disparan, entonces el apetito se activa y nada parece saciarnos. Como no dormimos lo suficiente, necesitamos recuperar energía y vamos en busca de algo que nos calme, pero no de cualquier cosa. Nos inclinamos por los carbohidratos y los dulces.

2. Comer dulces Comemos uno, pero no parece suficiente. ¿Por qué? Porque los carbohidratos simples que se encuentran en los dulces nos provocan un pico de azúcar en la sangre que, a su vez, genera más hambre y ganas de ingerir más cosas con azúcar.

3. Saltarse comidas Esa casi obsesión por bajar de peso lleva a mucha gente a omitir alguna de las tres comidas clave en el día. Gran error. Si se salta una de estas, el estómago se quedará con esa sensación de vacío y hará que en la próxima comida se le dispare la grelina, que es la hormona del apetito y lo puede hacer consumir el doble.

4. Comer muy rápido Cuando lo hace, no da tiempo al cerebro de enviar una señal de saciedad. Entonces seguirá comiendo. La clave está en hacerlo despacio, masticando bien.

5. Poca proteína y grasa Hay quienes entran a dietas estrictas y eliminan proteínas y todo tipo de grasas de su alimentación diaria. Hay un desbalance nutricional y lo que no saben es que las proteínas tienen la capacidad de calmar el hambre. Y las grasas insaturadas, como el aceite de oliva, o algunos frutos secos como las nueces, ejercen la misma función y, además, son alimentos sanos.

6. El estrés Este hace que nuestro organismo produzca más cortisol y adrenalina. Entonces, al mismo tiempo, la serotonina del cerebro disminuye y es cuando sentimos más hambre.

7. La deshidratación A veces confundimos deshidratación con ganas de comer. Esta confusión se produce por que el hipotálamo es la región del cerebro encargada de regular, tanto el apetito como la sed.

8. La diabetes Si tiene un apetito voraz y en su familia hay antecedentes de diabetes, es importante que se someta a un chequeo para confirmar si padece de la enfermedad. En las personas que padecen de este mal, el mecanismo de hambre-saciedad se altera debido a que el azúcar o glucosa no puede entrar en las células. Entonces, el centro de saciedad no recibe la información para detener la ingesta de alimentos.

9. Hábitos de la noche Mucha gente se levanta en la madrugada a ver el celular. Hay como unos bastones en los ojos que reciben la luz y así se genera una alteración que hace sentir hambre a las dos o tres de la mañana. Sucede igual al querer tomar, de una sola vez en la noche, el agua que no ingerimos durante el día. Se despertará para ir al baño y eso genera múltiples despertares que afectan al ciclo de reparación de control de la saciedad.

10. Los parásitos Algunos de estos huéspedes pueden hacer que usted sienta esa sensación de hambre y es más, hay a quienes les produce unas ganas tremendas de comer dulces. Lo que sucede es que los parásitos quitan energía y los productos azucarados tienen ese poder de generar una sensación de bienestar. Un examen y una desparasitación periódica son clave.

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Llevamos años escuchando que las dietas basadas en la ingesta de vegetales son las mejores para combatir el cáncer. Pero ahora una nueva investigación ofrece más pruebas de que el abandono de los productos de origen animal puede reducir el riesgo específico de padecer cáncer de colon. Este tipo de patología es cada vez más presente en países occidentales.

¿Quieres saber cuáles son los alimentos que ayudan a reducir los riesgos de padecerlo? Pues, ¡apúntate estos tips!

1.Sí a los pescados con alto contenido en grasa: ¡El salmón será tu mejor aliado! Los ácidos grasos Omega-3, que se encuentran en pescados como el salmón o el atún, disminuyen la inflamación del intestino, lo que está estrechamente relacionado con la formación de tumores.

2. Apuesta por la avena:  Contiene mucha fibra, un componente que ayuda al tránsito intestinal. Y ¿por qué es beneficioso para el organismo? Cuanto mayor sea el tiempo que las toxinas pasan en el organismo, mayor es la posibilidad de que afecten al ADN y puedan acabar generando cáncer. 3. Aceite de oliva:  Entre los miles de beneficios que nos aporta el aceite de oliva también hay que destacar que, gracias a su alto contenido en Omega-2, también reduce la inflamación del intestino, disminuyendo así la posibilidad de padecer esta enfermedad. 4. Come granos en todas sus variedades:  ¿Nunca pensaste que este alimento podía aportarte tanto? Resulta que son muy ricas en fibra y en ácido fólico, por lo que ayudan a la reparación del ADN con alteraciones. 5. Frutas y vegetales : Se deben consumir por su alto contenido en fibra, que ayuda al movimiento del tránsito intestinal. También hay que pensar que contienen muchos micronutrientes, cuyo consumo está ligado a tasas más bajas de cáncer de colon.

6. Los tomates, mejor cocinados: Ya sea frito, al horno, sobre la pasta o la pizza. El tomate tiene propiedades muy beneficiosas, entre ellas un alto contenido en licopeno, que puede ayudar a reducir el riesgo de padecer una afectación en el colon. 7. Evitar la carne roja:  se relaciona con el alto riesgo a padecer muchos tipos de cáncer, además, cuando hablamos de productos de carne procesados hay que tener en cuenta que contienen nitrato de sodio, un conservante que se relaciona con la posibilidad de sufrir esta enfermedad. 8. Adiós a los azúcares refinados: La sacarosa obliga al páncreas a secretar más insulina, lo que afecta a los niveles de una substancia química producida por el hígado que se asocia con este mal. Por eso, siempre es mejor endulzar con miel o stevia.

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Suero de Leche Aunque has de tener tus dudas sobre la proteína en polvo, este es un elemento natural que ayuda a regenerar los músculos después de una intensa sesión en el gym.

Jugo de cereza Las cerezas tienen una cantidad impresionante de antioxidantes, que son esenciales para proteger y preservar los músculos. Evita los jugos que sean de concentrado, los naturales son los mejores. Aunque no siempre están en temporada, vale la pena aprovechar cuando las encuentres.

Huevos Una de las fuentes más completas de proteínas, los huevos son perfectos para un post workout mañanero. Además, aunque sólo tienen 70 calorías cada uno.

Leche con chocolate Si hiciste un workout muy duro con pesas, lo mejor sería un vaso frío de leche con chocolate. Te hidrata, tiene calcio y proteína.

Té verde Este drink te da un boost de energía cuando más lo necesitas. También tiene poderosos antioxidantes que te ayudan a quemar grasa.

Aguacate Muchas veces, este vegetal nos da terror por la grasa que tiene, pero para recuperarte de mucho ejercicio, necesitas el tipo de grasas benévolas para ayudar a los músculos, así como vitamina B.

Fuente: cosmomx

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1. Suero de Leche

Aunque has de tener tus dudas sobre la proteína en polvo, este es un elemento natural que ayuda a regenerar los músculos después de una intensa sesión en el gym.

2. Camote

Este alimento es rico en vitamina A y en carbohidratos naturales. Además contiene fibra, por lo que te mantendrá satisfecha y sin ganas de comer un plato de pasta.

3. Jugo de cereza

Las cerezas tienen una cantidad impresionante de antioxidantes, que son esenciales para proteger y preservar los músculos. Evita los jugos que sean de concentrado, los naturales son los mejores. Aunque no siempre están en temporada, vale la pena aprovechar cuando las encuentres.

4. Huevos

Una de las fuentes más completas de proteínas, los huevos son perfectos para unpost workout mañanero. Además, aunque sólo tienen 70 calorías cada uno.

5. Leche con chocolate

Si hiciste un workout muy duro con pesas, lo mejor sería un vaso frío de leche con chocolate. Te hidrata, tiene calcio y proteína.

6. Aguacate

Muchas veces, este vegetal nos da terror por la grasa que tiene, pero para recuperarte de mucho ejercicio, necesitas el tipo de grasas benévolas para ayudar a los músculos, así como vitamina B.

7. Té verde

Este drink te da un boost de energía cuando más lo necesitas. También tiene poderosos antioxidantes que te ayudan a quemar grasa.

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