Escritorios llenos de sensores nos observan mientras trabajamos

Escritorios llenos de sensores nos observan mientras trabajamos

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La Gestion /

En otras palabras, digámosle adiós a la última pizca de dignidad en la oficina abierta moderna.

El escritorio del futuro nos conoce, tal vez demasiado bien. Se trata obviamente de un escritorio para estar sentado o de pie, pero está equipado con sensores que aprenden nuestros hábitos y preferencias mediante una vigilancia constante.

Cuando estamos sentados demasiado tiempo, una suave vibración nos recuerda que debemos ponernos de pie. La silla, también revestida con sensores, le dice al escritorio que nos hemos levantado; el escritorio, que conoce nuestra altura, se adapta a ella.

El escritorio supervisa las pulsaciones de teclas y los clics del mouse, ofreciéndonos (y también a nuestro jefe) consejos útiles sobre ergonomía… y productividad.

Pronto sabrá si es que necesitamos un escritorio, toda una pregunta dado el costo de US$ 10,000 por escritorio por año, o si podemos ser enviados al grupo de escritorios compartidos, en el que a los empleados se les asigna espacio de trabajo en función de sus demandas de esa semana, ese día o esa hora.

En otras palabras, digámosle adiós a la última pizca de dignidad en la oficina abierta moderna.

“Estamos recopilando una gran cantidad de datos objetivos sobre cada empleado”, dijo el Dr. Mark Benden, director de Ergonomía de la Universidad de Texas A&M. Sus estaciones de escritorios de pie están equipadas con 120 sensores que miden cualquier movimiento que podamos hacer en el escritorio salvo poner los ojos en blanco ante nuestro jefe.

“Es un poco orwelliano”, dijo Benden. “Uno piensa: Guau, rastrean todas estas cosas sobre mí. ¿Significa que voy a ser despedido?” Es una “reacción humana normal”, añadió para dar tranquilidad.

Ahora, Herman Miller Inc., el segundo mayor fabricante de muebles de oficina después de Steelcase Inc., le ha puesto rulemanes a ese futuro. La compañía de Zeeland, Michigan, lanzó este mes su línea Live OS Smart Furnishings, cuyos sensores se conectan con sus escritorios de pie y las famosas sillas de oficina Aeron.

Los sensores y el software que los acompaña cuestan US$ 136 anuales por escritorio. La aplicación se vende a US$ 60 anuales por escritorio. Los muebles no están incluidos.

Live OS ofrece una aplicación optativa en la que los usuarios introducen su altura y la cantidad de tiempo que les gustaría permanecer de pie durante el día y que ayuda a cualquier escritorio conectado a reconocer al usuario en el momento en que llega para adaptarse ergonómicamente de inmediato.

Los sensores contribuyen a fomentar comportamientos más saludables. También miden la utilización del espacio: cuánto tiempo pasamos en un espacio de trabajo determinado y cómo lo usamos.

“Estudiamos los sensores en el entorno de trabajo desde 1999”, afirmó Ryan Anderson, director de comercialización y desarrollo de negocios de Herman Miller para internet de las cosas. “¿Qué podría hacer la tecnología basada en sensores para crear una experiencia más interesante?”

La recolección de datos de ese tipo significa estar constantemente bajo el microscopio. Legalmente, las empresas de los Estados Unidos pueden rastrear a los empleados en todas partes menos el baño.

Conforme los sensores se han instalado en las paredes de las oficinas, los distintivos de identificación, los artefactos de iluminación, los sistemas de climatización y ahora los escritorios, los trabajadores se han acostumbrado a ese control. La mayoría de los empleadores dicen hacerlo en pos de la eficiencia.

“No seguimos a las personas”, dijo Anderson. “Medimos la eficacia del espacio y ayudamos a optimizar el uso de las propiedades inmuebles”.

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