Los mitos y verdades de la donación de órganos

Los mitos y verdades de la donación de órganos

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El Universal /

Son muchos los tabúes, mitos y falsas creencias que existen en el país acerca del trasplante de órganos. Por ello, Colombia es uno de los países donde menos existe cultura sobre la donación de órganos para salvar vidas.

En nuestro país, la proporción de donantes es apenas de siete por cada millón de habitantes, mientras en España, por ejemplo, la relación es de 35 donantes por cada millón de personas.

Los expertos recuerdan que por cada donante multiorgánico se puede salvar la vida de 54 personas. En Colombia 25.000 personas necesitan un trasplante de riñón, seguido de  hígado, corazón, pulmón y menos frecuente el páncreas.

A lo largo de los años muchas historias se han tejido acerca de la donación de órganos y se han propagado a tal punto, que ha generado una disminución en el número de donantes, en 2012 eran 12 por millón de habitantes y en 2015 solo siete.

“En el país, 10 % de las personas se mueren en listas de espera. No se debe pensar en la donación como el ejercicio de ofrecer una parte de nuestro cuerpo para que alguien pueda vivir sino en que la persona que dona el órgano ofrece todo su cuerpo para que una parte de nosotros pueda seguir viviendo”, dice Gilberto Mejía, Director del área de Trasplantes de la Fundación Cardio Infantil, al referirse a los donantes cadavéricos.

Por ello, este martes 6 de junio, cuando la comunidad científica celebra el Día Mundial de los Trasplantados, la Fundación Cardio Infantil presenta los mitos más comunes alrededor de esta cultura que, lejos de las especulaciones, lo que permite es salvar la vida  otros pacientes que requieren de uno o más órganos para seguir viviendo.

Algunos de los mitos más comunes entre los colombianos frente a la donación de órganos son:

1- “Se despertó y le habían sacado los órganos en una tina” Falso.

Los trasplantes solo se pueden hacer en grandes centros hospitalarios, en el país solo 24 están autorizados. No se pueden extraer órganos en un garaje o en una casa. El cuidado y la preservación del órgano son fundamentales para garantizar que se pueda realizar el trasplante. Por ejemplo, la conservación de un riñón es de doce horas, la del hígado es de ocho horas y el del corazón y el pulmón es solo de cuatro horas.

“Hay muchas variables por las que estas historias no tienen ningún tipo de soporte médico. Hay que saber el grupo sanguíneo de la persona, el peso, y realizar exámenes especiales para evitar el rechazo en el receptor”, asegura Mejía.

2- “Existen mafias que les quitan los órganos a las personas y se los venden a extranjeros” Falso.

Para que un extranjero pueda recibir un trasplante debe vivir en Colombia y tener cédula de extranjería superior a dos años. Muchas personas necesitan trasplantes de manera inmediata, por lo cual los extranjeros no contarían con el tiempo necesario para hacer parte de una lista de espera en nuestro país.

“Las listas de espera se organizan teniendo en cuenta la mejor compatibilidad que se tenga entre el donante, el paciente y la urgencia con la que se necesita realizar el procedimiento”, agrega Mejía. Adicionalmente, todas las instituciones que realizan los procedimientos son auditadas de manera constante por el Instituto Nacional de Salud (INS).

El INS señala que “las leyes 73 de 1988 y 919 de 2004, así como el Decreto 2493 de 2004 tipifican como delito el tráfico, compra, venta o comercialización de componentes anatómicos humanos”.

3- “Devuelven a las personas irreconocibles luego de hacerles trasplantes” Falso.

Los cuerpos son intervenidos de manera tal que los familiares no noten diferencia alguna. “Los cuerpos se devuelven a los familiares vestidos, lo que evita que las cicatrices sean visibles”, confirma Mejía. En Colombia entre 75 % y 80 % de los cadáveres son cremados.

4- “Todos los donantes deben ser personas fallecidas” Falso.

Existen donantes vivos. Esta práctica médica solo se realiza con aquellos pacientes que sean familiares directos de la persona afectada. “Siempre lo que buscamos es proteger al donante. A lo largo de los años y a diferencia de lo que se cree se ha reducido el índice de complicaciones para el donante”, asegura Mejía. El acompañamiento es permanente y se le indica al donante vivo las posibles complicaciones de la donación dependiendo del órgano que se vaya a intervenir.

Se estima que 80 % de los donantes vivos vuelven a ser socialmente productivos luego de superar el año de la intervención quirúrgica.

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