Menos hambre pero más gordura

Menos hambre pero más gordura

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El Observador / Por Ricardo Aceves

Durante las últimas décadas el hambre en América Latina ha disminuido, mientras que la obesidad y el sobrepeso, debido a la mala alimentación , van en aumento. Esta es la conclusión del más reciente informe sobre el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional-un informe que proporciona una visión general de las tendencias regionales-la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)

Los últimos datos muestran que la región ha logrado disminuir el hambre considerablemente y sólo el 5.5% de la población vive poco alimentada o desnutrida, siendo el Caribe la subregión con la mayor prevalencia, en gran parte porque más de la mitad de la población de Haití, el país más pobre del hemisferio occidental según el Banco Mundial, vive en la pobreza. Por otra parte la desnutrición crónica infantil (tallas más bajas correspondientes a la edad) en la región también ha presentado una evolución positiva ya que ha caído de 24.5% en 1990 a 11.3% en 2015, lo que significa una reducción 7.8 millones de niños. Dicho esto, todavía existen 6.1 millones de niños que viven con desnutrición crónica en América Latina.

La región ha venido enfrentando otra carga: el sobrepeso y la obesidad. De acuerdo con el informe, unas 360 millones de personas, casi un 60% del total de la población de la región, muestran sobrepeso, siendo las poblaciones de las Bahamas, México y Chile en las que prevalecen los más “rechonchos”. El informe también muestra que los países cuyas poblaciones registran más obesos son Barbados, Trinidad y Tobago y Antigua y Barbuda, mientras que Haití, Nicaragua y Paraguay son los países en los cuales menos del 50% de su población son obesos.

Los últimos 20 años han registrado un aumento en la prevalencia del sobrepeso, sin importar condiciones socioeconómicas, étnicas o lugar de residencia y esta situación es particularmente grave para las mujeres, dado que en más de 20 países de la región, la tasa de obesidad femenina es 10 puntos mayor que la de los hombres. El impacto también lo resienten los niños, pues, según el informe, 3.9 millones menores viven con sobrepeso en nuestra región.

Según la FAO y OPS, los factores determinantes son los cambios de patrones en la alimentación en la región, el crecimiento económico de las últimas décadas, el aumento de la urbanización y de los ingresos medios de las personas. Así mismo, la integración de la región en los mercados internacionales ha reducido el consumo de preparados tradicionales basados en cereales, leguminosas, frutas y verduras frescas, y por el contrario, ha aumentado el consumo de alimentos procesados. Los alimentos azucarados y grasos son los más ampliamente disponibles en la región, en comparación con el mundo desarrollado. Además, el consumo de pescado per cápita en América Latina es el más bajo comparado con otras regiones del mundo.

¿Qué hacemos entonces con esta llamada de atención y la tendencia creciente? En mi opinión, no se debe reinventar la rueda. Nuestros países pueden recurrir al vasto conocimiento y valiosa experiencia que han acumulado todos estos años en su lucha contra el hambre, y aplicar políticas similares, pero ahora para también erradicar el sobrepeso y la obesidad. Según la FAO y la OPS, combatir tanto la malnutrición como la obesidad requiere primeramente una alimentación saludable. Para ello es necesario promover sistemas alimentarios sostenibles que vinculen agricultura, alimentación, nutrición y salud.

Para erradicar toda forma de malnutrición, los gobiernos Latinoamericanos deberían fomentar la producción sostenible de alimentos frescos y nutritivos, asegurando que exista suficiente oferta, diversidad y acceso a ellos, específicamente para los sectores más vulnerables de la población, así como las regiones que son importadores netos de alimentos. Estas medidas deben ser complementadas con políticas para fortalecer la agricultura familiar y/o local, implementar circuitos cortos de producción y comercialización de alimentos (agricultura de proximidad), y sistemas públicos de compra de alimentos, ligados preponderantemente a programas de alimentación escolar y educación alimentaria. Mientras tanto, por el lado fiscal y de regulación, se deben implementar medidas que desincentiven el consumo de comida chatarra (como el impuesto a las bebidas azucaradas en México), mejorar las advertencias nutricionales en las etiquetas, y regular la publicidad de alimentos poco nutricionales para reducir su consumo.

Estas medidas son más urgentes que nunca a la luz de las señales de ralentización del crecimiento económico en Latinoamérica, lo cual supone un riesgo importante para la seguridad alimentaria y nutricional de los latinoamericanos. Por lo tanto los gobiernos deben incrementar los esfuerzos, sobre todo apoyando a los más vulnerables, para que con ello no se desvanezcan los esfuerzos antes conseguidos en la lucha contra el hambre y revertir la tendencia alcista de la malnutrición en todas sus formas.

Ricardo Aceves es un economista mexicano dedicado al análisis de temas macroeconómicos en Latinoamérica. Actualmente es Economista Senior para América Latina de la firma FocusEconomics en Barcelona.

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@Latinoamerica21