Pensar la depresión

El Financiero / 1

Según estudiosos de la UNAM se calcula que la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo hacia el año 2020.

Que una enfermedad mental tenga un aumento acelerado, que además parece incontrolable, nos obliga a preguntarnos por los factores que inciden en su prevalencia para poder entenderla y mitigarla.

Factores económicos como la casi nula movilidad social en México son uno de los correlatos de la depresión. Salir de pobre en este país es casi imposible o sólo accesible para quienes se ganan la lotería o deciden dedicarse al narcotráfico o a la política ( http://www.ejecentral.com.mx/perdido-como-salir-de-pobre/ ).

La mar de desesperación de la depresión está asociada a prospectos pobres de trabajo de aquellos con menos acceso a la educación y a expectativas frustradas de progreso de las clases medias. También se relaciona con disfunción familiar, que abarca violencia, divorcio, abandono de los hijos, aislamiento social, adicciones, obesidad y otras patologías.

Para calmar a la bestia del dolor, las personas recurren al alcohol, a las drogas y también a la comida. La obesidad también es producto del estrés y del dolor emocional.

Algunos se aterran ante la posibilidad de deprimirse, por lo que son incapaces de enfrentar las causas de su tristeza, entenderlas y quizá después resolverlas, por lo que deciden que tomar un antidepresivo es lo mejor. Sólo los psiquiatras más estudiosos saben discriminar un estado de tristeza circunstancial o un duelo complicado, de una depresión que requiere tratamiento farmacológico.

La capacidad depresiva, como la llamó Pierre Fedida, sólo es posible si aceptamos que la vida siempre tiene huecos, fallas, agujeros, y que lo único congruente frente a ellos es sentirse triste.

Nuestra estructura cognitiva no está diseñada para la felicidad de largo plazo; la mente tiene un sesgo optimista por el que el futuro siempre es mejor que el presente. Nos engañamos como un rasgo evolutivo útil, creyendo que el pasado fue maravilloso y que el futuro será mejor todavía, para poder tolerar el presente.

Vivimos en una caminadora hedonista, que es la eterna búsqueda de la siguiente cosa que nos hará felices. La insatisfacción con el presente y los sueños de futuro quizá son parte de lo que nos mantiene motivados.

Idealizamos la felicidad pasada y guardamos recuerdos borrosos, pero bellos, para convencernos de que podemos volver a ser felices.

Saber que nadie puede tenerlo todo ni todo el tiempo es difícil de aceptar. La gente muy ambiciosa y exigente cree que puede ser un gran profesionista, un gran padre, una gran pareja y además tener tiempo para cuidar sus pasatiempos individuales. En una vida adulta normal esta ecuación perfectamente funcional es imposible, así que tendríamos que aprender a elegir prioridades en lugar de perseguirlo todo. De algo podemos estar seguros: nadie, aunque se esfuerce en demostrar lo contrario, lo tiene todo.

Superar la inercia de la depresión es un proceso que debe hacerse con pasos pequeños. Algunos terapeutas desinformados sienten poco respeto por la depresión de sus pacientes y se atreven a decirles que podrían curarse si se esforzaran un poco más, lo que sólo sirve para agraviar aún más a alguien con un sentido del yo muy lastimado. Es común, por ejemplo, que los pacientes entiendan que deberían hacer un poco de ejercicio físico para sentirse mejor y que al mismo tiempo no tengan la energía para hacerlo.

Los cambios más pequeños también son cambios y son con los que debemos trabajar los profesionales de la salud, para entender y atender un problema que está relacionado con las grandes brechas económicas entre clases sociales, con la dificultad para enfrentar la frustración existencial, con la violencia familiar y sistémica, con nuestra tendencia a creer que el pasado y el futuro siempre son mejores, con la revaloración de la tristeza como un sentimiento necesario y saludable frente a los huecos, vacíos y pérdidas.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa, así como conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

También te puede interesar:

Las emociones en el trabajo

Salud y enfermedad emocional

El mercado de las ilusiones