Con hambre todo el año

Con hambre todo el año

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Hay a quienes les cuesta dejar de comer. Dicen que tienen hambre todo el tiempo y que esto les resulta incontrolable. ¿Exageran? Pues no, realmente lo sienten así y los motivos son diversos. Lo más importante es que al detectar su origen se puede acabar con esos hábitos que alocan nuestra digestión y que terminan causando problemas de peso y de salud. EXPRESO les presenta una lista de los más comunes y explica cómo nos afectan.

1. Dormir mal Cuando no logramos descansar como se debe por las noches, hay unas hormonas que se disparan, entonces el apetito se activa y nada parece saciarnos. Como no dormimos lo suficiente, necesitamos recuperar energía y vamos en busca de algo que nos calme, pero no de cualquier cosa. Nos inclinamos por los carbohidratos y los dulces.

2. Comer dulces Comemos uno, pero no parece suficiente. ¿Por qué? Porque los carbohidratos simples que se encuentran en los dulces nos provocan un pico de azúcar en la sangre que, a su vez, genera más hambre y ganas de ingerir más cosas con azúcar.

3. Saltarse comidas Esa casi obsesión por bajar de peso lleva a mucha gente a omitir alguna de las tres comidas clave en el día. Gran error. Si se salta una de estas, el estómago se quedará con esa sensación de vacío y hará que en la próxima comida se le dispare la grelina, que es la hormona del apetito y lo puede hacer consumir el doble.

4. Comer muy rápido Cuando lo hace, no da tiempo al cerebro de enviar una señal de saciedad. Entonces seguirá comiendo. La clave está en hacerlo despacio, masticando bien.

5. Poca proteína y grasa Hay quienes entran a dietas estrictas y eliminan proteínas y todo tipo de grasas de su alimentación diaria. Hay un desbalance nutricional y lo que no saben es que las proteínas tienen la capacidad de calmar el hambre. Y las grasas insaturadas, como el aceite de oliva, o algunos frutos secos como las nueces, ejercen la misma función y, además, son alimentos sanos.

6. El estrés Este hace que nuestro organismo produzca más cortisol y adrenalina. Entonces, al mismo tiempo, la serotonina del cerebro disminuye y es cuando sentimos más hambre.

7. La deshidratación A veces confundimos deshidratación con ganas de comer. Esta confusión se produce por que el hipotálamo es la región del cerebro encargada de regular, tanto el apetito como la sed.

8. La diabetes Si tiene un apetito voraz y en su familia hay antecedentes de diabetes, es importante que se someta a un chequeo para confirmar si padece de la enfermedad. En las personas que padecen de este mal, el mecanismo de hambre-saciedad se altera debido a que el azúcar o glucosa no puede entrar en las células. Entonces, el centro de saciedad no recibe la información para detener la ingesta de alimentos.

9. Hábitos de la noche Mucha gente se levanta en la madrugada a ver el celular. Hay como unos bastones en los ojos que reciben la luz y así se genera una alteración que hace sentir hambre a las dos o tres de la mañana. Sucede igual al querer tomar, de una sola vez en la noche, el agua que no ingerimos durante el día. Se despertará para ir al baño y eso genera múltiples despertares que afectan al ciclo de reparación de control de la saciedad.

10. Los parásitos Algunos de estos huéspedes pueden hacer que usted sienta esa sensación de hambre y es más, hay a quienes les produce unas ganas tremendas de comer dulces. Lo que sucede es que los parásitos quitan energía y los productos azucarados tienen ese poder de generar una sensación de bienestar. Un examen y una desparasitación periódica son clave.

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